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Navegar de Noche
Navegar de Noche

Navegar de noche

Si vamos a alquilar un barco sin patrón para pasar unos días a bordo, tenemos que estar preparados para afrontar todas las circunstancias a las que nos podemos enfrentar. Una de las éstas es, sin duda, la navegación nocturna. Ya sea porque decidimos emprender una singladura de más de quince horas, ya sea porque cualquier contratiempo nos ha retrasado la llegada a puerto, tendremos que estar preparados para navegar de noche con total seguridad.

Debemos ser conscientes que somos animales diurnos y valorar en su justo término la dificultad que la noche puede representar para la navegación costera. Si navegamos de noche, lo haremos en un medio que no es el nuestro con todas las limitaciones que ello representa, y si a ello le añadimos que hemos alquilado un barco, lo más seguro es que tendremos que refrescar muchos conceptos aprendidos hace algún tiempo.

Si aceptamos estas premisas, somos conscientes de ellas y disponemos de los medios apropiados, podremos resolver airosamente cuantos problemas se nos planteen incrementados por la noche y, por tanto, navegaremos con más precisión y seguridad.

Este tipo de navegación exige que estemos familiarizados con la navegación sobre la carta, que sepamos trazar una derrota, leer una carta, hallar una situación por tres demoras, o por marcaciones sucesivas a una sola demora ya que la mayoría de veces y en el mejor de los casos, si estamos en navegación costera, solo dispondremos de un faro como referencia. No olvidemos que la navegación electrónica a través del plotter y GPS es relativamente sencilla y fácil de usar, pero cualquier fallo en el sistema eléctrico del barco nos puede dejar en una situación muy comprometida si no dominamos mínimamente la navegación por estima. Muchos navegantes experimentados opinan que es más fácil situarse de noche a la vista de la costa que de día. No les falta razón, siempre que la costa esté bien balizada con faros potentes y de fácil identificación, las condiciones de visibilidad sean normalmente buenas y tengamos algo de práctica en navegación nocturna. Sin embargo, cualquier error que podamos cometer en la navegación, será más difícil de apreciar a causa de la oscuridad y, a la vez, más complicado de enmendar. No olvidemos que también tenemos que dominar mínimamente el código de señales y saber interpretar las luces de navegación de otros barcos que, sin duda, nos encontraremos durante la navegación.

 

Sobre las dificultades visuales

Científicamente se sabe que una persona con visión normal obtiene una miopía de 1 a 1,5 dioptrías durante la noche. Por tanto un miope verá incrementada su miopía y un hipermétrope de 1,5 dioptrías verá reducido su defecto visual a 0. La adaptación del ojo humano a la oscuridad es la circunstancia más elemental que complica la navegación nocturna, en especial la costera. De noche el relieve queda atenuado por la falta de sombras y, en consecuencia, las distancias tan fundamentales de conocer en estas circunstancias, quedan distorsionadas. La costa en muchos casos nos puede aparecer como una silueta negra y plana destacándose sobre el fondo del cielo, generalmente un poco más claro si es un acantilado, y como una forma imprecisa si es baja. Un tramo de costa acantilada recortada por la luz de una ciudad, parecerá más cerca de lo que realmente está, y más lejos si llega a destacarse sobre un cielo muy oscuro.

Ante todas las dificultades que presenta la noche, es primordial conservar en todo momento la máxima visión y ésta se puede reducir considerablemente o incluso anularse por culpa del deslumbramiento que produce una iluminación excesiva a bordo. El tripulante que va al timón y que pasa mucho rato con la vista fija en un compás iluminado intensamente, tendrá una visión hacia el exterior prácticamente nula, lo mismo sucederá si la iluminación es deficiente y la observación constante le produce fatiga en la visión. Por tanto, es conveniente que la guardia nocturna sea al menos de dos personas y la observación de la costa y del horizonte corra a cargo de otro tripulante que permanezca en zona de completa obscuridad para que su vista no quede mermada por ningún deslumbramiento. Los tripulantes que entren de guardia deberán pasar un período de adaptación de, al menos, un cuarto de hora en la bañera antes de hacerse cargo de su guardia.

Como ya sabemos, la luz blanca aunque sea débil siempre deslumbra, el simple acto de encender un cigarrillo nos dejará sin una buena visión hacia el exterior durante varios minutos. La luz roja es la que menos deslumbra, por tanto, las luces que deberán permanecer encendidas a bordo durante la noche como el compás, el GPS plotter, instrumentos y mesa de cartas procuraremos que sean de ese color y lo menos intensas posible. Si a bordo no disponemos de bombillas rojas, una solución de emergencia pero muy eficaz, será pintar alguna bombilla, al menos en la mesa de cartas, con esmalte de uñas de color rojo. Cuando devolvamos el barco a la compañía de chárter y hagamos el checkout, habrá que mencionar esta circunstancia.

Al trabajar con luz roja, deberemos tener muy en cuenta que nos será muy difícil apreciar las marcas rojas que figuren en las cartas, como tampoco podremos distinguir el azul pálido que marca las zonas de poco fondo y que el verde lo veremos como si fuera negro. La falta de costumbre de trabajar con este tono de luz, junto con la poca intensidad que debe tener la iluminación, suelen hacer difícil la lectura de los libros de faros, derroteros y las letras pequeñas de las cartas.

Tan importante es ver como ser vistos, y para ello debemos estar bien seguros de que nuestra instalación eléctrica está en perfectas condiciones y nuestras baterías en plenas facultades.

Para terminar, algunos consejos imprescindibles si queremos navegar de noche:

  • Llevar el arnés de seguridad abrochado y enganchado a la línea de vida desde el mismo instante en que pisemos la bañera.
  • Tener la cubierta en orden.
  • Llevar ropa de abrigo aunque estemos en pleno verano.
  • En la medida de lo posible, evitar dejar un solo tripulante de guardia en la bañera.
  • Alerta constante en la identificación de las luces.
  • Mantener siempre una distancia de respeto con la costa.
  • Hacer los relevos de guardia con tiempo.

Si somos prudentes, la navegación nocturna nos puede deparar singladuras inolvidables.